Tumbado en mi cama te busco entre mis sábanas, recorro cada centímetro con mi mano buscando tu calor, buscando tu piel.
Acabo de llegar al límite y no estás, ya te has ido, pero tu calor y tu olor siguen aquí conmigo, acompañándome en esta fría y solitaria mañana, para ir desvaneciéndose poco a poco, igual que lo has hecho tú.
Sé que no volverás, pero no puedo evitar buscarte cada mañana…
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